domingo, 21 de marzo de 2010

LAS FIESTAS PATRONALES DE CABEZO DE TORRES.




LAS FIESTAS PATRONALES DE CABEZO DE TORRES.

Dos puntales son la base de las actuales Fiestas Patronales que celebramos en Cabezo de Torres en honor de Nuestra Señora la Virgen de Las Lágrimas: La institución de los Mayordomos de la Virgen y la Procesión de la Virgen de Los Dolores en Cuaresma.
Los Mayordomos nacen en Cabezo de Torres hacia 1880 en la época en que D. Antonio Blanco era el cura encargado de la ermita de Cabezo de Torres. Dicha ermita estaba erigida bajo la advocación de la Virgen de Los Dolores, más conocida como Virgen de las Lágrimas. La ermita dependía de la Iglesia Parroquial de Espinardo y estaba en donde hoy se levanta la Iglesia Parroquial de Cabezo de Torres.
En un principio se nombraron los mayordomos de la Virgen. Más tarde, en 1885, con motivo de la creación de una Rectoría en la pequeña ermita, el cura rector don Francisco Vicente de la Cruz, afianzó la institución de los Mayordomos de la Virgen y creó la de los Mayordomos de las Ánimas. A estas instituciones se les encomendaban el cuidar del culto a la Patrona y a la Ánimas.
Los Mayordomos de la Virgen siempre tuvieron más importancia que los Mayordomos de las Ánimas. Sin embargo los Mayordomos de las Ánimas poseían una fuerte baza de popularidad gracias a las Campanas de los Auroros. Pero su música no dejaba de ser una música triste, y su entorno muy serio. Por eso, la gente parecía inclinarse más hacia los Mayordomos de la Virgen.
Había que cuidar de la ermita y de la Virgen durante un año y los Mayordomos de la Virgen necesitaban dinero. Y para sacar el dinero, mucha imaginación. Y la forma más sencilla de hacerlo era el baile. Estos bailes adquirieron un sentido festivo extraordinario en las tres fechas señaladas para su celebración: el primer día de Pascua, el día de Año Nuevo y el día de Reyes.
Se bailaban las clásicas malagueñas, acompañadas por guitarras, laúdes y bandurrias, a la puerta de la Iglesia y se les llamaba Bailes de Rifa, aunque en realidad no había rifas, sino pujas. Había pujas para bailar con una determinada moza y los novios pujaban para que sus novias no saliesen a la puja, mientras que los solteros, para poner en aprieto al novio, pujaban más alto. Algunos tipos graciosos del pueblo eran objeto de puja, pues hacían las delicias de la gente al verlos bailar con torpeza. Los mayordomos se movían entre el público y daban consignas para que la puja no decayese. Todo era alegría y buen humor, todas las bromas se soportaban y el pueblo lo pasaba en grande. Aquello era una gran fiesta a la que acudían también los vendedores de dulces que ponían sus puestecillos en cualquier rincón.
La institución de las Fiestas de la Virgen tuvo lugar en el año 1915. Eran mayordomos don José Muñoz García y don José Sabater Serrano. Como cura Rector de Cabezo de Torres figuraba don José Hernández Ruiz quien propuso la idea de celebrar una fiesta para honrar a la Patrona. Hasta aquellas fechas tan sólo se hacía la procesión del Viernes de Dolores.
Se congregó a una junta de vecinos y vieron las dificultades que esto entrañaba, pero acabaron poniendo en pie la celebración de las primeras Fiestas de la Virgen de Las Lágrimas, escogiendo como fecha el día 15 de septiembre, festividad de la Virgen de Los Dolores y teniendo como duración una semana. A partir de entonces una comisión de vecinos ayudaba a los mayordomos en la organización de las fiestas.
Las Fiestas Patronales de aquel primer año fueron amenizadas por la Banda de Música local dirigida por el maestro Indalecio que actuaban en las verbenas y ponían música durante el novenario. A los festejos ya conocidos se unió alguna vez una carrera de cintas a caballo.
Los mayordomos hasta 1920 fueron siempre dos hasta que D. Antonio Valverde, en ese año, nombro cuatro. Tenía una razón de ser, pues las fiestas ya llevaban unos años de andadura y el trabajo de organizarlas era cada vez mayor. Con la importancia que fueron tomando los festejos en los años siguientes, fue necesario ampliar el número de mayordomos a seis, que se nombraban el día de la Purísima. Estos mayordomos recorrían el pueblo en Navidad pidiendo el “aguilando” con músicos y cantores para recoger fondos.
Hasta 1953 dentro del programa de festejos se incluía el “reparto de pan a los pobres”. A juzgar por lo que cuentan los más viejos eran muchos los kilos de pan repartidos.
En 1959 un escritor anónimo escribía sobre nuestras fiestas: “Tener que hacer un análisis de los festejos cívicos que aquí se celebran, resulta a veces de una mayor dificultad de lo que a primera vista pudiera parecer, porque aquí cada año se nos ofrecen cosas nuevas. Existen indudablemente festejos que ya vienen siendo tradicionales, de los cuales no se puede prescindir sin caer en falta. Me estoy refiriendo a la iluminación, y adorno con papelillos y faroles de verbena, de la plaza y calles centrales del pueblo. A la contratación de la mejor banda de música de la región, para que su actuación, en el ferial o en el cine, alegre los atardeceres. A las clásica carreras de bicicletas con cintas y a las atracciones populares: cucañas, carreras de sacos, juegos sorpresa, etc. A la proyección en las pantallas cinematográficas de los estrenos más sensacionales de la temporada. A los pasacalles de las bandas, acompañadas de un derroche sin par de cohetes y tracas. A la actuación de las masas corales del pueblo que no a muchos años fueron premiadas en concursos nacionales. Al disparo de un castillo de fuego de artificio.…
Pero esto no es todo, siempre queda la sorpresa. Son esos números del programa que los mayordomos nos van ofreciendo como novedades, para deleite de unos, entusiasmo de otros y quebraderos de cabeza para los que vengan.
Uno año nos instalan una tómbola; otro nos sorprenden con la edición de un magnífico folleto con el programa de fiestas, otro con carreras de motos, otros con la instalación de nuevas atracciones en el ferial, otros con el arreglo de las calles por donde ha de pasar la procesión, y tantas y tantas novedades que al final completan una de las fiestas más atrayentes y sugestivas que, a los aquí nacidos y forasteros, se puede ofrecer.”
A partir de 1970 desaparecieron los mayordomos y se creó una Comisión de Festejos. Dicha Comisión, entonces estaba presidida por el Alcalde Pedáneo, y se encarga de las Fiestas. A pesar de la desaparición de la figura de los mayordomos, aún hoy en día a los miembros de las comisiones de fiestas se les llama popularmente “mayordomos de las fiestas”.
A principios de los años setenta del pasado siglo las Fiestas Patronales de Cabezo de Torres se convierten en la referencia para los demás pueblos de los alrededores por el gran número de atracciones como por la calidad de los artistas que acuden a su escenario. Las Comisiones de Fiestas asesan diversas formas de recaudar fondos, además de la petición por las casas, la venta de lotería en navidad, rifas y la elaboración de un libro de anuncios de empresas. Durante tres décadas las sucesivas Comisiones de Fiestas mantienen un ritmo frenético poniendo el listón cada vez más alto.
En la década de 1990 las Fiestas Patronales en nuestra pedanía van perdiendo su auge y cada año se puede apreciar su decaimiento. Este bajón tiene entre otros varios, dos motivos principales. Por un lado el auge del Carnaval de Cabezo de Torres, en el que nuestra población se vuelca totalmente. Por otro lado el sistema de elección de los miembros de las futuras comisiones de fiestas; se eligen a quines menos gusta la fiesta, o a los más reacios a la celebración de la misma.
“Con la llegada del nuevo milenio, los gustos y necesidades de ocio de los vecinos de Cabezo de Torres van cambiando progresivamente hasta llegar a la actualidad en donde queda patente la necesidad de buscar nuevos horizontes para la celebración de las Fiestas Patronales de nuestra pedanía. Hay que buscar nuevos métodos de recaudación para los actos, programar actividades en las que se vuelva a la participación masiva de la población en los actos tanto litúrgicos como cívicos. La tarea no es fácil, pero seguro que Cabezo de Torres, como siempre ha hecho en todas las empresas que ha tenido que acometer como colectivo, también en esta ocasión sabrá encontrar soluciones a estas nuevas necesidades impuestas por el ritmo de vida que llevamos. Y pronto, muy pronto, volverá a ser punto de referencia de todos los pueblos de alrededor”. Estas palabras fueron pronunciadas, por quien suscribe este texto, durante el “Pregón de las Fiestas Patronales de 2006 de Cabezo de Torres”.
Y los hechos parecen querer dar por buenas las mismas, pues tras las fiestas del citado año 2006, se presenta un grupo de voluntarios para formar la “Comisión de Fiestas Patronales de Cabezo de Torres”.
En la nueva Comisión de Fiestas están representadas las instituciones y colectivos más importantes de nuestra pedanía. Casi todos los miembros ya han sido con anterioridad a alguna comisión, de las décadas de los 70 y los 80. Son amigos y forman un grupo bastante compensado que pueden volver a instaurar el prestigio y esplendor en las Fiestas Patronales en Cabezo de Torres.
Este colectivo nace con la intención de celebrar no sólo las Fiestas del año 2007, sino que se comprometen a la realización de las mismas durante cinco años, con el fin de evitar hacer unas fiestas estupendas en este año y que el próximo vuelva la desidia.
Cualquier miembro de la Comisión de Fiestas puede dejar de formar parte de la misma, con la única condición de traer a alguien, también voluntario, que ocupe su lugar.
Remato este breve artículo sobre la historia las Fiestas Patronales de Cabezo de Torres con un consejo: “Durante esta semana de fiestas intentar olvidar vuestras preocupaciones y quehaceres cotidianos. Dad rienda suelta a la alegría pues las Fiestas son pocos días y hay que aprovechar cada minuto, aunque noche festiva en Cabezo de Torres vale por semana entera. Pero hacedlo con espíritu de sana convivencia, armonía y mutuo respeto, y con la hospitalidad que tradicionalmente nos ha caracterizado. Y tener presente que el verdadero éxito de las fiestas no depende tanto de la categoría de los artistas y los espectáculos programados, como del espíritu con que participemos en los actos cívicos y religiosos”.




Juan Vivancos Antón
CRONISTA OFICIAL DE CABEZO DE TORRES


Artículo publicado en el Libro de Fiesta Patronales de Cabezo de Torres 2007

sábado, 20 de marzo de 2010

Cabezo de Torres y El Raal, unidos por la advocación mariana de la Virgen de los Dolores.




Cabezo de Torres y El Raal, unidos por la advocación mariana de la Virgen de los Dolores.

Dos importantes efemérides unen a las pedanías de Cabezo de Torres y El Raal. Ambas situadas en plena huerta murciana y por tanto son fieles seguidoras de las tradiciones, costumbres y estilos de vida del hombre y las mujeres ligadas a la tierra; también con un mismo estilo de religiosidad popular y que viven con profundo sentimiento los acontecimientos de su pueblo.
Ambas localidades, El Raal y Cabezo de Torres en el transcurrir de los ciclos festivos del año son coincidentes en primer lugar en recordar a María Dolorosa; en un primer caso durante la Semana Santa, mientras que Cabezo de Torres procesiona a la Virgen de los Dolores el Viernes de Dolores, El Raal hace lo mismo en Viernes Santo con la procesión del silencio; si bien es en el mes de septiembre, coincidiendo con la festividad del día 15 que según el calendario está dedicado a “Nuestra Señora de los Dolores” cuando ambos pueblos festejan con actos lúdicos, religiosos y culturales la fiesta de la patrona.
Una segunda efeméride o coincidencia en el tiempo, aún salvando los momentos históricos en que se producen cada acontecimiento es el hecho que en este año de 2006 El Raal celebra el ochenta aniversario de la llegada de la primera imagen de la Virgen de los Dolores a la localidad y su proclamación como Patrona del pueblo. En Cabezo de Torres sería bastantes años antes, pero también en este 2006 conmemora el III centenario en que lloró un busto de la Dolorosa, suceso por el que se le pasó a denominar La Virgen de las Lágrimas. Posteriormente la parroquia adquirió una imagen de vestir de la Virgen de los Dolores para procesionar por lo que, aún con la variante de Virgen de las Lágrimas – Virgen de los Dolores, son en sí unos mismos sentimientos religiosos de advocación mariana los que une a ambos pueblos.
En Cabezo de Torres, tras la Guerra Civil, será el imaginero Antonio Carrión Valverde, quien realiza la imagen de vestir para la parroquia de esta pedanía que actualmente ocupa el camarín del altar mayor. Al igual que ocurriera en El Raal, si bien en este segundo caso es obra del escultor José Sánchez Lozano, pero ambos artesanos fueron fieles al más puro estilo de nuestro imaginero más universal, el inmortal Salzillo, que con su gubia recreó en numerosas ocasiones la gran devoción de la diócesis: “La virgen de los Dolores”, imagen que, llegó a rozar lo sublime en el encargo de La Dolorosa para la Real y Muy Ilustre Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Murcia, tallada en el año 1755. Ambas imágenes son las que reciben el afecto de los vecinos de sus respectivos pueblos y son procesionadas, como anteriormente señalé en la Semana Santa y en el mes de septiembre.
En referencia a la Patrona de Cabezo de Torres, podemos aportar más datos que también le unen con los vecinos raaleños; así por ejemplo el trono de la Virgen es obra del escultor y tallista murciano Juan Lorente, también autor del altar mayor de la iglesia parroquial de esta pedanía. Las tallas son desmontables; mide dos metros y medio de largo y se estrenó en las fiestas de 1963 donado por una familia de este pueblo. De igual forma el camarín de la patrona de El Raal sería unos años más tarde, en 1986, y en el taller del mismo tallista y escultor donde se trabajaron las tallas, molduras y barrramentos que adornarán el entorno más próximo de su Virgen.
En el año 1965 se adquirió una nueva corona para la Virgen que luce en los momentos más solemnes. Es obra del orfebre Vicente Segura y es toda de plata con incrustaciones de piedras semipreciosas. Fue la “Comisión de Fiestas de 1965” quien quiso hacerle este regalo a la patrona el primer día en que se celebró el novenario de las fiestas de aquel año.
En lo que respecta al manto de mayor esplendor que luce la Virgen, éste se encargó en los talleres cartageneros de Consuelo Escámez Calderón. Se bendijo el Viernes de Dolores del año 1960. El manto es de terciopelo, color verde esmeralda oscuro; está bordado todo él en oro fino con incrustaciones de abundantes piedras semipreciosas. Lleva bordados en hilos de seda diferentes grupos de ángeles y mide un total de cinco metros de largo por cuatro metros de ancho. El manto ha estado expuesto en diversas ocasiones culturales de las ciudades de Cartagena, Murcia y en la exposición internacional de artesanía de Munich (Alemania).
Pero si quien ocupa el altar mayor de la Iglesia Parroquial de Cabezo de Torres es la Virgen de los Dolores, la Patrona de Cabezo de Torres es la Virgen de las Lágrimas. El título se le dio a un busto de la Virgen de los Dolores que lloró el 8 de agosto de 1706 en la casa de Francisco López Majuelo, entonces incluida en el partido de Monteagudo, y cuyo solar se encuentra a la altura del número 69 de la calle Mayor de Cabezo de Torres, a unos 200 m. en donde posteriormente se levantó el templo parroquial. Este suceso milagroso se ha publicado en multitud de libros, artículos en prensa y revistas especializadas, y podemos resumirlo así:
Pasado el mediodía una criada subió a limpiar una habitación en donde había dos imágenes de devoción familiar, una de Jesús y otra de la Virgen de los Dolores de unos 35 centímetros de altura y protegidas por sendas urnas de cristal sobre unos manteles. La criada observó que el rostro de la Virgen estaba acongojado, que tenía la frente sudorosa y que de los ojos brotaban gruesas lágrimas. Llena de espanto y temor bajó a llamar a los amos y, efectivamente, todos vieron llorar a la imagen. Acudieron los vecinos más cercanos y se fue corriendo la noticia por la huerta llegando al lugar más labradores para contemplar el prodigio. Habiendo pasado un buen rato todos los presentes pudieron comprobar que de nuevo la Virgen comenzaba a sudar y llorar durando hasta las cuatro de la tarde. Hacia las nueve de la noche del mencionado día 8 de agosto, se pusieron a rezar el rosario y por tercera vez volvió a llorar la Virgen, en esta ocasión durante una hora ininterrumpidamente.
Al día siguiente las tropas de Felipe V acamparon cerca de la casa de Antonio López pues el día anterior habían mantenido un sangriento encuentro en las inmediaciones de Monteagudo. Enterados de lo sucedido acudieron los oficiales, soldados y capellanes del regimiento; también otras personalidades llegadas de Murcia. Todos fueron testigos del nuevo llanto de la Virgen. Por la noche, hacia las doce, llegó el obispo de Cartagena, don Luis Belluga –el que posteriormente fuese el Cardenal Belluga-. El obispo se arrodilló, hizo oración y sacó a la Virgen de la urna. Comprobó que era de yeso y quedó convencido de que era imposible una falsificación. y la transportó hasta una casa contigua en la que se tenía que hospedar. Allí la dejó durante dos días, en los que no se separó de Ella, y durante los cuales siempre hubo observadores presentes, pero el prodigio ya no se dio más.
El obispo preocupado por demostrar que aquello no era un engaño, mandó llamar a un Provisor, a un Notario y al Fiscal del obispado que junto a varios peritos en yeso, barnices y pinturas examinaron el busto durante varios días; por otra parte el Cabildo de Murcia escribió una carta al Obispo rogándole que la imagen del a Virgen fuese colocada en la catedral.
El traslado de la imagen a la catedral de Murcia se hizo el día 11 de agosto en solemne procesión y se colocó en la capilla de San Andrés. El obispo publicó una pastoral conforme al Concilio de Trento y declaró que las lágrimas eran milagrosas. En la pastoral explicó lo que él mismo había visto, los resultados de los exámenes periciales realizados, las informaciones de los testigos y la opinión de teólogos, concluyendo que: “declaramos por milagrosas dichas lágrimas, y sudor, y digna de veneración y culto la Sagrada Reliquia del os Manteles, donde corrió el sudor y las lágrimas”.
Pero el acontecimiento religioso tenía su relación directa con la Guerra de Sucesión Española entre los partidarios de los Borbones de Francia, que defendían los derechos al reino de España para Felipe V y los partidarios de la Casa de Austria que pedían los mismos derechos para el Archiduque Carlos. Con estos hechos el obispo toma parte en el asunto y envía a los sacerdotes para que hablen con las tropas de Felipe V y les inviten a unirse a las lágrimas de la Virgen con ayunos y oraciones tomando de adoptando de esta forma una consideración religiosa un conflicto inicialmente de bélico y de lucha de poder estatal.
Muchos son los documentos que demuestran que el milagro de la Virgen de las Lágrimas se cruzó en el camino del Obispo y lo marcó tan profundamente que no dudó en hacer de él bandera de su Episcopado. A partir de entonces Belluga no escatimaría esfuerzos, desde el pulpito y fuera de él, para potenciar y hacer extensiva a los feligreses de su Diócesis la inquebrantable fe que tenía depositada en esta advocación mariana.
Tanto fue el amor del mitrado por los Siete Dolores de la Virgen, que consagró toda la Diócesis a la devoción de la Virgen de los Dolores, e incorporó a su escudo episcopal el corazón traspasado por siete espadas, en referencia a los Dolores de María Santísima, reflejados en la Virgen de las Lágrimas. Todos estos acontecimientos extendieron rápidamente la devoción hacia la Virgen de Los Dolores, en lo que era el Reino de Murcia, que se incremento decisivamente durante el siglo XVIII y gozó de un esplendor muy notable hacia finales del siglo XIX y principios del XX, hasta el punto de que hoy en día el la Virgen más venerada en nuestras iglesias.
La imagen milagrosa de Nuestra Señora de las Lágrimas permaneció en la catedral hasta que el 16 de octubre de 1994 volvió a su tierra, tras 288 años de estancia en la capilla de San Andrés. El obispo de la Diócesis, Javier Azagra, el Vicario General y Dean del Cabildo, Antonio Martínez y el párroco y arcipreste de Cabezo de Torres, Pedro Lorente apostaron por que el deseo que permanecía en los vecinos se hiciese realidad; y así fue. Como colofón a tan digna efemérides, nuestro Obispo concedió a nuestra Parroquia un año Jubilar Mariano.
La imagen milagrosa de Ntra. Sra. de Las Lágrimas se encuentra expuesta en la capilla del Sagrario de la Iglesia Parroquial de Cabezo de Torres cuando se cumple el III centenario del milagro.
El Obispo de nuestra Diócesis DR. D. Juan Antonio Reig Pla, a petición del Párroco y Arcipreste D. Pedro Lorente Martínez ha establecido y promulgado en el “Templo Parroquial de Ntra. Sra. de Las Lágrimas de Cabezo de Torres”, la celebración de “Un Tiempo Jubilar Conmemorativo del III Centenario del Milagro de la Virgen de Las Lágrimas”, entre el 30 de marzo de 2006 y el 30 de marzo de 2007, enriquecido con las indulgencias concedidas por el Santo Padre Benedicto XVI.
En este año de 2006 multitud de festejos han conmemorado esta efeméride. El Raal también celebra con ilusión su efeméride: la llegada de la imagen de la Virgen de los Dolores a la parroquia. Una misma advocación mariana que une a dos pueblos.


Juan Vivancos Antón.
Cronista Oficial de Cabezo de Torres.


Este artículo esta incluido en el libro "Virgen de los Dolores, 80 aniversario de su llegada a El Raal" publicado en el año 2007.
Pag. 43-47

EL MILAGRO DE NUESTRA SRA. DE LAS LÁGRIMAS, PATRONA DE CABEZO DE TORRES







El Milagro de Nuestra Señora de Las Lágrimas, Patrona de Cabezo de Torres.
La Patrona de Cabezo de Torres es la Virgen de Las Lágrimas. El título se le dio a un busto de la Virgen de los Dolores que lloró el 8 de agosto de 1706 en la casa de Francisco López Majuelo, del partido de Monteagudo. (El solar que ocupó la mencionada casa se encuentra en pleno casco urbano de Cabezo de Torres)
Según los muchos documentos que hay sobre este Milagro los hechos acontecieron así:
Pasado el mediodía una criada subió a limpiar una habitación en donde había dos imágenes de la devoción familiar. Una de María Stma. De Los Dolores y otra de su Santísimo Hijo, ambas asentadas en tablas bastardas de yeso, de medio cuerpo, como de media vara de altura (unos 35 centímetros) y protegidas por sendas urnas de cristal sobre unos manteles.
La criada observó que el rostro de la Virgen estaba acongojado, que tenía la frente sudorosa y que de los ojos brotaban gruesas lágrimas. Llena de espanto y temor bajó a llamar a los amos y efectivamente, todos vieron llorar la imagen. Acudieron los vecinos más cercanos y se fue corriendo la noticia por la huerta llegando más labradores para ver el prodigio.
Habiendo pasado un buen rato todos los presentes pudieron comprobar que de nuevo la Stma. Virgen comenzaba a sudar y llorar durando hasta las cuatro de la tarde, corriendo el sudor y lágrimas por las mejillas, como unas gruesas perlas.
Nadie quería moverse de allí y todos tenían los ojos bañados en lágrimas de ternura y devoción. Hacia las nueve de la noche se ponen a rezar el rosario. Por tercera vez vuelve a llorar la Virgen. Esta vez por espacio de una hora.
Al día siguiente, 9 de agosto, las tropas leales a Felipe V acamparon cerca de la casa de Antonio López pues el día anterior habían mantenido un sangriento encuentro en las inmediaciones de Monteagudo. Enterados de lo sucedido, acudieron los oficiales, soldados y capellanes del regimiento. Estaban presentes muchos caballeros llegados de la ciudad de Murcia y otras muchas personas de la mayor categoría y todos fueron testigos de que la Virgen sudaba tan abundantemente que el agua salía de la urna de cristal, empapaba los manteles y caía al suelo, siendo necesario poner unos vasos para recoger el copioso sudor y las lágrimas.
Por la noche, hacia las doce, llegó el Obispo de Cartagena D. Luis Belluga. Cuando subió para ver la imagen, el llanto había cesado. No obstante había huellas y señales en el rostro de una forma especial, sobre todo en la mejilla derecha. La urna estaba húmeda. Los manteles empapados. El obispo se arrodilló, hizo oración y, luego sacó a la Virgen de la urna, la registró, comprobó que era de yeso, limpió con un lienzo parte de las señales de las lágrimas en su cara y quedó convencido de que era imposible una falsificación. La encerró de nuevo en la urna y, junto con la imagen de su Hijo, la transportó hasta una casa contigua, en la que se tenía que hospedar. En dicha casa había una pequeña ermita. Allí dejó ambas imágenes durante dos días, en los que el obispo no se separo de ellas, mientras preparaba el traslado a la ciudad de Murcia.
Entretanto la gente de Murcia se enteró de lo sucedido, y acudían en masa para admirar el prodigio. Pero aunque siempre había observadores para ver si el llanto de la imagen se repetía, ya no se dio más.
Belluga, preocupado por demostrar que aquello no era un engaño, mandó llamar a al provisor, y a los notarios más prácticos, y a un fiscal del obispado para que redactaran un informe de lo ocurrido interrogando a gran número de testigos de toda clase.
Mando aviso a varios peritos en yeso, barnices, pinturas, etc. que durante dos días reconocieron la imagen, su composición y cuanto consideraron necesario para elaborar un informe sobre lo sucedido.
El Cabildo de Murcia escribió una carta al Obispo pidiéndole que la imagen de la Virgen fuese colocada en la Catedral, ofreciéndose para llevarla en procesión desde la ermita en donde se encontraba hasta la Catedral.
El traslado de la imagen se hizo el día 11 por la noche en una solemne procesión. El obispo llevaba las dos imágenes y los manteles. Todo tuvo una solemnidad extraordinaria. Imágenes y manteles fueron depositados en la capilla de San Andrés, una de las más interesantes de la Catedral, hasta que se le construyese un templo con el nombre de Los Dolores.
El obispo, con los datos del examen de los peritos en la mano, con las declaraciones juradas de los testigos, con el informe del Provisor, el Notario y el Fiscal, publicó una Pastoral conforme al Concilio de Trento y declaró que las lágrimas eran milagrosas. En la Pastoral habla de lo que ha visto, de los exámenes realizados, de los testigos y de la opinión de teólogos, concluyendo: “…declaramos por milagrosas dichas lágrimas, y sudor, y digna de veneración y culto la Sagrada Reliquia de los Manteles, donde corrió el sudor y las lágrimas.”
Luego el obispo explicó el motivo de estas lágrimas. Primero habló de la misericordia de la Virgen para la ciudad de Murcia. Las lágrimas eran la petición de María a su Hijo para que ayudase a las tropas que defendían la Ciudad.
Una segunda razón de estas lágrimas las encuentra el obispo en el hecho de que las tropas austracistas habían entrado en la ciudad de Alicante cometiendo toda clase de profanaciones.
Como estos hechos sucedieron ente las doce del mediodía del ocho de agosto y durante todo el día siguiente, precisamente el tiempo que duraron las lágrimas, el obispo tras exigir juramento de verdad a los testigos, concluye que el carácter de la guerra tiene significación religiosa: “… a la vista de la demostración que el Cielo ha hecho con tan claras señales… la debemos reputar y defender por tal guerra de religión”.
Como es natural que suceda en toda guerra, el bando austracista, por boca del regidor Diego Rejón de Silva, defendía que la Virgen lloró del dolor que le causaba ver a un obispo dedicado a la guerra y a cuestione profanas.
Tras estas declaraciones Belluga toma algunas medidas. Entre ellas está la de mandar a varios sacerdotes para que hablen a las tropas y les inviten a unirse a las lágrimas de la Virgen con ayunos y oraciones. De esta forma, querían implorar de la misericordia de Dios la ayuda para la causa de la guerra. Igualmente demanda y establece turno en las diferentes iglesias y parroquias de la Ciudad, para que se eleven plegarias a Dios con el mismo fin, concediendo indulgencias diversas.
También provee para que se erija una suntuosa ermita a la Virgen de Los Dolores en el mismo lugar donde la Virgen lloró.
El obispo quiso entregar la imagen a la Congregación de Filipenses para que la custodiasen. La fundación quedó acordada con los Filipenses el Viernes de Dolores de 1713. Se les donó la imagen. Pero no la retiraron, ya que había una cláusula que ponía como condición para retirarla el disponer de iglesia propia donde darle culto. La Congregación del Oratorio de San Felipe Neri tuvo iglesia en Murcia, que más tarde sería conocida como Iglesia de San José. Se desconoce el motivo por el que los Filipenses no se llevaron la Imagen de la Virgen de Las Lágrimas, tal vez el propio Belluga no quiso desprenderse de la Reliquia, ya que era devotísimo de esta advocación mariana.

La imagen milagrosa de Nuestra Señora de Las Lágrimas regresó a Cabezo de Torres en 1994.
El tiempo pasó y las generaciones que se han sucedido no han olvidado el hecho, aunque en 1975 escribía Teodoro Rojo “… La Imagen milagrosa permanece en la capilla de San Andrés, en la iglesia Catedral. El deterioro y abandono de la reliquia se hace cada vez más visible…”
El día 16 de octubre de 1994, volvió a su pueblo de Cabezo de Torres la venerada imagen milagrosa de “Nuestra Señora de Las Lágrimas” tras 288 años de estancia en la Catedral de Murcia. El pueblo celebró con júbilo su regreso, siendo entonces nuestro Obispo D. Javier Azagra Labiano, ejerciendo de Vicario General y Dean del Cabildo D. Antonio Martínez Muñoz y nuestro párroco arcipreste D. Pedro Lorente Martínez. Como colofón a tan digna efemérides, nuestro Obispo concedió a nuestra Parroquia un año Jubilar Mariano.
La imagen milagrosa de Ntra. Sra. de Las Lágrimas se encuentra expuesta en la capilla del Sagrario de la Iglesia Parroquial de Cabezo de Torres cuando se cumple el III centenario del milagro.

Los relicarios.
Además de la imagen de Ntra. Sra. de Las Lágrimas se conservan otros dos relicarios, uno en el Monasterio de Santa Ana de Murcia y otro en la Iglesia Catedral de Murcia. De la otra imagen, Jesús, que había en la casa de Antonio López Majuelo ya no se ha vuelto a tener noticias desde el día en que fue trasladada a la Catedral.
Relicario del P. Peinado.
El relicario es una pieza cargada de valor histórico y sentimental, pues evoca la figura del Cardenal Belluga y su afecto por el P. Peinado, a quien se lo entrega, y al propio Fr. Nicolás, que la recibe con el corazón alborozado, pues su devoción por los Dolores de María le hace estimar como una joya la ofrenda del Cardenal. En este relicario, antes desconocido, incluso sin más resonancia que el saber su procedencia, que va pregonando la inscripción que al pie de la Dolorosa reza, “Liezo en que se recoxieron las milagrosas Lagrimas y sudor de MARIA SSma de los Dolores dio lo El EXmo. Sr. Dn Luis Belluga Obpº de Cartna para culto de la debota ymagen de N. S. de lasLagrimas que se benera en el Real Combto. de Sto. Domingo de Murzia”
Queda patente la identidad de Fr. Nicolás, pues al abrirlo, en su interior, junto con un trozo de mantel sobre el que cayeran las lágrimas de Ntra. Señora, aparece un trozo de papel grueso, en el que se puede leer: “este Relicario y Lienzo donde Sudo Nuestra Señora de las Lagrimas lo dio de Limosna el Señor Cardenal Velluga al Padre Peinado en Santo Domingo de murcia – año 1714”
Relicario del Museo de la Catedral de Murcia.
Los manteles sobre los que lloró la Virgen fueron objeto de polémica para ver quién se quedaba con ellos. Incluso el Rey de España, Felipe V, estuvo interesadísimo en el asunto. Al final los corporales no salieron de Murcia. En 1963, junto con varias pinturas fueron incorporados al museo de la catedral. Están colocados en un cuadro acristalado. En el reverso se lee la siguiente inscripción: “Corporal en el que cayeron las lágrimas de la imagen de Nuestra Señora de las Lágrimas”.

La profunda devoción del Cardenal D. Luis Belluga y Moncada hacia la advocación mariana de la Virgen de Los Dolores.
Muchos son los documentos que demuestran que el milagro de la Virgen de las Lágrimas se cruzó en el camino del Obispo y lo marcó tan profundamente que no dudó en hacer de él bandera de su Episcopado. A partir de entonces Belluga no escatimaría esfuerzos, desde el pulpito y fuera de él, para potenciar y hacer extensiva a los feligreses de su Diócesis la inquebrantable fe que tenía depositada en esta advocación mariana.
Tanto fue el amor del mitrado por los Siete Dolores de la Virgen, que consagró toda la Diócesis a la devoción de la Virgen de los Dolores, e incorporó a su escudo episcopal el corazón traspasado por siete espadas, en referencia a los Dolores de María Santísima, reflejados en la Virgen de las Lágrimas.
Belluga no dejaba pasar ninguna oportunidad para dar cuenta del milagroso suceso y al año siguiente se expresaba en estos términos desde los púlpitos de nuestra Catedral, en el famoso “Sermón de la Virgen de las Lágrimas”: “merecimos el año pasado ver sudar y derramar copiosas lágrimas a la Virgen, en el tiempo de mayor aflicción de estos reynos, para que por este medio persuadir a más a mi pueblo lo que su fé siempre ha creído”.
Así inicia Murcia su “Siglo de Oro”, en el cual nuestro imaginero más universal, el inmortal Salzillo, estaría llamado a plasmar con su gubia la gran devoción de la diócesis: “La virgen de los Dolores”, imagen que recreó en numerosas ocasiones, llegando a rozar lo sublime en el encargo de La Dolorosa para la Real y Muy Ilustre Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Murcia, tallada en el año 1755.

Concesión de un “Tiempo Jubilar Conmemorativo del III Centenario del Milagro de la Virgen de Las Lágrimas”.
El Obispo de nuestra Diócesis DR. D. Juan Antonio Reig Pla, a petición del Párroco y Arcipreste D. Pedro Lorente Martínez ha establecido y promulgado en el “Templo Parroquial de Ntra. Sra. de Las Lágrimas de Cabezo de Torres”, la celebración de “Un Tiempo Jubilar Conmemorativo del III Centenario del Milagro de la Virgen de Las Lágrimas”, entre el 30 de marzo de 2006 y el 30 de marzo de 2007, enriquecido con las indulgencias concedidas por el Santo Padre Benedicto XVI, según el certificado remitido por la Penitenciaría Apostólica y firmado por Jacobus Franciscus. Cardenal Stafford.




Juan Vivancos Antón.
Cronista Oficial de Cabezo de Torres.



Artículo publicado en el libro de las Fiestas Patronales 2006 de Cabezo de Torres.


LA CRUZ EN CABEZO DE TORRES.





LA CRUZ EN CABEZO DE TORRES.





La Cruz, símbolo del cristianismo, es también el distintivo que ha diferenciado a Cabezo de Torres del resto de las pedanías de Murcia. Si, a través del tiempo y el espacio, realizásemos una imaginaria “ruta de la Cruz en Cabezo de Torres” podríamos observar que dos son los motivos principales en los que se basa este hecho distintivo, aunque hay otros varios motivos que también serán expuestos en este estudio.
Por un lado está la Cruz que corona el monte, o cabezo, de mayor altitud y que se conoce precisamente por el nombre de “Cabezo de la Cruz”.
En segundo lugar tenemos “La Cruz de la Familia López” que se encuentra a la altura del número 55 en la calle Mayor de Cabezo de Torres.
Intentar desvelar desde cuándo están estas cruces en Cabezo de Torres no es tarea fácil debido a que en esta pedanía no existe ningún tipo de archivo, incluso el parroquial desapareció pasto de las llamas durante la Guerra Civil Española.
Lo cierto es que estas dos Cruces han estado presentes en Cabezo de Torres, incluso antes de que a finales del siglo XIX esta localidad se desmembrase de Monteagudo y Churra y pasase a formar una nueva pedanía con unas tierras que anteriormente fueron conocidas por el nombre de “Cabezo de los Frailes” en relación a un convento Carmelita y posteriormente “Cabezo de la Santa” posiblemente en alusión al milagro de Ntra. Sra. de Las Lágrimas, Patrona de Cabezo de Torres ocurrido el 8 de Agosto del año 1.706.
Si como hemos afirmado, uno de los símbolos que ha diferenciado claramente a Cabezo de Torres del resto de pedanías de Murcia es la Cruz que corona su monte, o cabezo, de mayor altitud y que le concede precisamente su nombre propio: Cabezo de la Cruz parece razonable que empecemos por allí nuestra “ruta de la Cruz en Cabezo de Torres”.
Es un verdadero misterio la fecha en que se colocó en ese lugar la primera cruz, aunque sí hay constancia de que mucho antes de que Cabezo de Torres llegase a ser una Localidad con Entidad Propia, cuando sus tierras estaban repartidas entre los partidos de Monteagudo y Churra principalmente, ya había una Cruz en la cima del cabezo.
En épocas pasadas la Cruz del cabezo ha servido como un punto de referencia para los huertanos de la zona. Era algo así como un sol más cercano, con el que orientarse desde los lejanos campos, antaño dedicados al cultivo de cereales de secano, en los que apenas había caminos o sendas.
Con la llegada de la electricidad se instaló una lámpara en la Cruz del cabezo, que apenas alumbraba lo que un candil, y que se mantenía encendida durante toda la noche. Se convirtió entonces en un verdadero faro, tierra adentro, ya que era el único referente luminoso que había en el pueblo. La Cruz del cabezo, servía como referencia a todos los que transitaban por el famoso Camino de los Soldados que pasaba por la zona norte de Cabezo de Torres, por el que transitaban personas y ganados desde el Camino de Madrid, en Espinardo, hasta las poblaciones de Jumilla y Yecla, en el altiplano, pasando por Fortuna.
Durante la Guerra Civil Española la Cruz del cabezo fue destruida.
A la conclusión del conflicto nacional sobre el romo otero que corona el cabezo se instaló una nueva cruz de madera natural, sin desbastar, que en la década de los años setenta de pasado siglo fue literalmente desintegrada por un rayo que solo dejó la base calcinada y humeante.
Se tomo entonces la decisión de restituirla colocando una nueva cruz, la que está hoy en día, pero esta vez de hierro. Con sus seis metros de altura y dos de longitud de punta a punta de sus brazos esta Cruz se alza sobre cuatro escalones de mampostería.
Su color originario era negro, pero, a comienzos de este tercer milenio, un joven de esta pedanía, Diego Nicolás El Profeta, actuando bajo inspiración divina, según él, se puso a limpiar todo el entorno del Cabezo de la Cruz. A continuación comenzó a pintar de azul las rocas de pizarra del monte, añadiendo unos toques de blanco en las crestas más altas para dar la sensación de unas cumbres altísimas coronadas de nieve. También la Cruz del cabezo fue pintada de azul y blanco tal como se puede apreciar hoy en día. Aunque el blanco de la nieve ya ha desaparecido de las rocas como evaporado por el intenso calor de esta zona mediterránea, pero el lugar permanece limpio, con su camino empedrado que facilita la ascensión, y sus piedras azules.
Durante muchos años el día 3 de mayor (Invención de la Santa Cruz), a los pies de la Cruz del Cabezo se organizaba una Misa Huertana vespertina en la que actuaban coros y rondallas. Con anterioridad la cruz se engalanaba con flores recogidas en la huerta del Cabezo que se acompañaban con adornos de papel o vegetales que elaboraban desde los más ancianos a los niños. Tras la Eucaristía los asistentes celebraban bailes que se prolongaban hasta bien entrada la noche.
En un principio fueron las cuadrillas de auroros los encargados de animar estos actos, pero con su lenta, pero progresiva, desaparición fueron sustituidos por la Rondalla de Antonio Mondejar El Pavo. Más tarde tomó el relevo la Peña Huertana “La Picaza” que lo ha estado haciendo hasta que hace apenas unos tres años se celebró por vez última, enterrando así una de las tradiciones más bellas de nuestro folklore local.
La vista desde el pie de la Cruz del cabezo es magnífica, abarcando toda la huerta murciana en donde destacan bajo el cielo azul y sobre los mil tonos del verde de la huerta, el Castillo de Monteagudo, la Torre de la Catedral y el Monasterio de los Jerónimos.
Cuentan algunos ancianos del lugar, que cuando antiguamente se tenía que emprender un largo viaje, se tenía la convicción de que si el viajero subía hasta la cruz y daba tres vueltas alrededor de ella, en el sentido contrario a las agujas del reloj, antes de que transcurriesen tres años era seguro su regreso al pueblo.
Es tal la vinculación de Cabezo de Torres con la Cruz que en el antiguo Blasón, obra de Eusebio Aranda, y que sirvió de escudo de Cabezo de Torres durante más dos décadas, figuraba la silueta del cabezo con la Cruz.
En el actual escudo de esta pedanía vuelve a figurar su cabezo coronado con la Cruz, pues los vecinos de Cabezo de Torres tienen asumido este símbolo religioso como parte de su identificación propia.
En nuestra “ruta de la Cruz en Cabezo de Torres” bajamos al pueblo para visitar otra Cruz también muy importante. Nos referimos a “La Cruz de la Familia López”.
Esta familia es descendiente de Antonio López Majuelo a quién se atribuye la propiedad de la casa en donde milagrosamente lloró un busto de la Virgen de Los Dolores, el 8 de agosto de 1706, y que hoy es conocido como el Milagro de Nuestra Señora de Las Lágrimas, Patrona de Cabezo de Torres.
Señalar el lugar en donde ocurrió el milagro puede ser el origen de esta Cruz, cuya custodia ha pasado de padres a hijos, siendo los tres últimos D. Cristóbal López Muñoz, luego su hijo D. José López Muñoz y actualmente D. José López Rabadán. Como vemos se mantiene el apellido López y la Cruz otorga el apodo a esta familia, “De la Cruz” y a los negocios de los mismos: Horno de la Cruz, tienda de la Cruz, estanco de la Cruz, etc.
La Cruz originaria fue quemada durante la Guerra Civil Española. La Cruz que hay actualmente fue encargada por D. José López Muñoz al artista local Pedro Borja Perete, padre de nuestro internacionalmente conocido esculto-ceramista Pedro Borja, y que también fue autor de los frescos de los cuatro evangelistas que decoran la cúpula de la Iglesia Parroquial Ntra. Sra. de Las Lágrimas de Cabezo de Torres.
La Cruz de la familia López está pintada de negro, y tiene en los extremos de los brazos una terminación en forma de jarra y en el extremo superior una terminación esférica.
Sobre la Cruz hay sobrepuestas varias alegorías a la pasión y muerte de Jesucristo, talladas en madera y pintadas de blanco ó de plata: Destaca la inscripción “INRI”, la Corona de Espinas, unas tenazas, un martillo, la lanza de Longino, la espada con la que el apóstol Pedro cortó una oreja a Malco, la mencionada oreja de Malco, un gallo, una escalera, un Corazón de Jesús, un Cáliz, y otros símbolos deteriorados o ya desaparecidos.
Esta Cruz originariamente disponía de dos candelas de aceite que alumbraban durante toda la noche. Con la llegada de la electricidad se sustituyeron por una lámpara.
Los días 3 de mayo, el Hallazgo (Invención) de la Santa Cruz por Santa Elena, y el 14 de septiembre, la Exaltación de la Santa Cruz, las dos fiestas que hablan de valor salvífico de la Cruz, la familia López se encarga de engalanar la Cruz con las mejores flores de la huerta de Cabezo de Torres.
Ante esta Cruz de la familia López se desarrollaba la escena del encuentro de los Reyes Magos con Herodes en las representaciones del “Auto de los Reyes Magos” que tuvieron en Cabezo de Torres un auge extraordinario a finales del siglo XIX. El número de curiosos que acudían a ver estas representaciones eran muchísimo pues la fama y el prestigio de los actores traspasaba los límites de la localidad.
El texto de estas representaciones era uno de los que circulaban por la huerta murciana, aunque contenía alguna variante, pues como dice Eusebio Aranda en “Teatro medieval en un pueblo murciano” en el “Auto de los Reyes Magos” de Cabezo de Torres se añade el episodio de la Degollación de los Inocentes.
Esta segunda parte del “Auto de los Reyes Magos” pasó después a realizarse en la Plaza de la Iglesia Parroquial en donde algunas escenas se hacían desde el balcón de la Casa Parroquial, hasta que en 1965 se perdieron estas representaciones, aunque esporádicamente se hicieron dos o tres veces más.
Seguimos con nuestra “ruta de la Cruz en Cabezo de Torres” pero esta vez saltamos en el tiempo para situarnos en los primeros días de la primavera de unos tiempos pasados con el fin de conocer las Cruces de Mayo que eran tradicionales en toda la Huerta de Murcia, ya que en Cabezo de Torres también estaba muy extendida esta costumbre como lo recoge el escritor y poeta D. Pedro Jara Carrillo en su novela de costumbres murcianas “Las Caracolas” que está ambientada en el Cabezo de Torres de finales del Siglo XIX.
Con motivo del día de la Cruz, tres de mayo, se acostumbraba a honrar a las novias regalándoles una cruz de flores. Los días anteriores a la fecha señalada, el novio o enamorado preparaba una cruz de flores. Eran auténticas obras de arte. Las casadas y las viejas ayudaban a los novios en esa porfía de amor, donde no sólo había que hacer el obsequio de una cruz a la novia, sino que, además tenía que ser la mejor y la más bonita.
Por la noche los enamorados colgaban la cruz en la reja de la ventana o en uno de los balcones de la casa de la novia. Y el día tres de mayo era un festival de flores en todas las fachadas del Cabezo.
En las calurosas tardes de mayo, se acostumbraba a salir en compañía de familiares y amigos a visitar las distintas cruces de los alrededores en torno a las cuales se organizaban los juegos que eran una especie de representaciones improvisadas a base de diálogos, música, baile y chistes, cuyo tema solía ser intrascendente, pero muy crítico y muy local.
Era tal la emulación por quedar bien que a veces se hacían cuantiosos dispendios económicos para comprar flores, pues algunos no se conformaban con las flores que era posible recoger en los bien surtidos jardines y macetas. En alguna ocasión aparecían fachadas de casas totalmente engalanadas.
Sin duda, la razón religiosa de la festividad de las Cruces de Mayo es recordar la Cruz de Jesucristo, pero los huertanos murcianos añaden al fervor cristiano la generosidad y belleza de las flores de su tierra y la alegría de sus gentes.
Después de la Guerra Civil Española esta costumbre desapareció rápidamente.
Caminamos entre huertos de naranjos y limoneros en la “ruta de la Cruz en Cabezo de Torres” y nos vienen a la memoria las barracas que eran la construcción tradicional de vivienda de los huertanos de Valencia y Murcia. Elaboradas con cañas y barro, sobre la lomera de sus tejados, las barracas lucían en su parte delantera una cruz de madera que servía como indicativo de la profunda religiosidad de sus moradores al tiempo que ejercía su función como talismán defensivo ante cualquier mal o desgracia, desde un rayo a cualquier enfermedad.
Teodoro Rojo Calvo en su libro “Cabezo de Torres, apuntes para una historia” nos dice: “A principio de siglo, (refiriéndose al siglo XX) había muchísimas barracas, sobre todo en lo que ahora es el barrio de Los Palacios, y muy pocas casas. Las últimas barracas desaparecieron en 1957. De esa época se recuerdan como últimas existentes las del tío “Sana”, la tía Fuensanta “La Lirona”, el tío “Santos”, el tío “Botella”, la tía Carmen “La Gea”, etc.”
Nuestros pasos por la “ruta de la Cruz en Cabezo de Torres” nos llevan hasta la Plaza de la Iglesia Parroquial de Cabezo de Torres, que a partir del día 17 de este mes ha pasado a llamarse “Plaza de la Iglesia Juan Pablo II” . Allí, en otro tiempo, una Cruz estuvo presente durante cuarenta años en la vida de Cabezo de Torres, al igual que sucedió en muchos otros pueblos de nuestro país.
Nos referimos a la “Cruz de los Caídos por Dios y por España”, erigida por del bando vencedor en la Guerra Civil Española, que se levantó en la plaza de la Iglesia Parroquial a finales de la década de los años treinta del pasado siglo y que fue derribada a finales de los setenta con el cambio de régimen político y la llegada de la democracia a España.
Esta Cruz estaba recubierta de mármol negro, tenía unos tres metros de altura, y se alzaba sobre una base de ladrillo visto cuya forma recordaba un yugo.
Por medio de este paseo que estamos realizando por la “ruta de la Cruz en Cabezo de Torres” hemos podido comprobar la estrecha relación existente entre la Cruz y Cabezo de Torres, pero un acontecimiento extraordinario debemos citar en último lugar, no por menoscabo de su importancia sino por que ha tenido lugar hace tan solo unos pocos días.
A pesar de su gran importancia, esta noticia aún no ha sido ofrecida a la prensa al considerarse que estando muy próximo a celebrase este Congreso de los Cronistas Oficiales de la Región de Murcia que celebramos hoy 24 de junio de 2006 en Caravaca de la Cruz y siendo “la Santísima y Vera Cruz” el tema elegido, y desarrollándose los actos en este magnífico Centro de Estudios de la Vera Cruz, se decidió que este foro era el ideal para anunciar tan importante noticia a través de quien suscribe este texto.
Esta noticia tan importante es la llegada a nuestra pedanía de un lignum crucis, formado por dos astillas de la Santísima y Vera Cruz en donde murió Jesucristo.
El pasado día 10 de este mismo mes, con motivo de las bodas de oro sacerdotales del Párroco y Arcipreste D. Pedro Lorente Martínez, el Concejal Delegado de Descentralización, Participación Ciudadana y Mercados del Excmo. Ayto. de Murcia, D. Cristóbal Herrero Martínez, hizo entrega del lignum crucis al mencionado Párroco para que lo custodie y haga las disposiciones necesarias para posibilitar su veneración en la Iglesia Parroquial Nuestra Señora de Las Lágrimas de Cabezo de Torres.
Este lignum crucis, que está formado por dos astillas de la Santísima y Vera Cruz dispuestas en forma de Cruz, ha sido adquirido gracias al esfuerzo económico de los empresarios Francisco López Bernabé y Mª Teresa Torres Bernal. Decisiva ha sido la aportación realizada por la familia Botías Torres y debemos destacar especialmente el importante esfuerzo personal realizado por Antonio Botías Saus durante el largo tiempo que han durando las gestiones internacionales hasta culminar con éxito esta misión inspirada y alentada por Cristóbal Herrero Martínez.
El lignum crucis, con su escritura de certificación de autenticidad, ha sido depositado en el Sagrario de la Iglesia Parroquial de Nuestra Sra. de Las Lágrimas de Cabezo de Torres en tanto se adquiere un relicario en donde colocarlo para su veneración por los fieles.
La presencia de este lignum crucis marcará un antes y un después en la devoción a la Santísima y Vera Cruz, no sólo por parte de los vecinos de Cabezo de Torres, sino por todos los habitantes del municipio de Murcia.
Por medio del lignum crucis de la Santísima y Vera Cruz, Cabezo de Torres de alguna manera se hermana con las localidades murcianas de Caravaca de la Cruz, Abanilla y Ulea que también tienen el privilegio de poseer un trocito de la Cruz en la que hace más de dos mil años, y a miles de kilómetros de distancia, murió Jesucristo y que marcó el comienzo de esta “ruta de la Cruz en Cabezo de Torres” que concluye en el interior del corazón de cada uno de los creyentes.



Juan Vivancos Antón
Cronista Oficial de Cabezo de Torres




Este artículo esta incluido en el libro de las "Actas del II Congreso de la Asociación de Cronistas Oficiales de la Región de Murcia" celebrado en 2006 en Caravaca de la Cruz.
Pag. 51-58

jueves, 18 de marzo de 2010

LA CUNA DEL CARNAVAL EN LA REGIÓN DE MURCIA.




LA CUNA DEL CARNAVAL EN LA REGIÓN DE MURCIA.

Dentro de las características propias que mejor definen a Cabezo de Torres está su Carnaval. Los orígenes de esta fiesta, declarada de Interés Turístico Regional, datan de 1.878.
Entonces el carnaval consistía en la salida a la calle de las “máscaras”. Nuestros antepasados vestidos con ropa vieja, o del sexo opuesto, paseaban individualmente o en pequeños grupos que llevaban paja y polvos de talco, con los que gastaban bromas a los vecinos y foráneos, aprovechándose del anonimato.
A principio del siglo XX D. José Sabater Ortega, más conocido en nuestro pueblo por “el Cano de la Harinilla”, en su oficio de carretero iba con frecuencia a Torrevieja para traer sal para el ganado. Allí presenció una murga y una comparsa, manifestaciones traídas por los marinos desde Brasil y Cuba. A José le llamó la atención la uniformidad de la indumentaria que lucían, así como la crítica que reflejan en la letrilla de sus coplas, en donde recogían los sucesos más relevantes del año, todo ello acompañado de tonalidades musicales fáciles y pegadizas.
José regresó a Cabezo de Torres entusiasmado con todo lo que había presenciado y lo puso en conocimiento de sus amigos más íntimos acordando componen la primera “Comparsa Musical” en el Carnaval del año 1910.
Desde 1910 hasta 1936 van creciendo los grupos participantes en el carnaval de Cabezo de Torres: Felipe “el Cura”, “los Mujeretas” y algunos más. Las comparsas aparecen y desaparecen periódicamente, manteniéndose siempre las máscaras
La Guerra Civil Española y posteriormente la dictadura del General Franco prohíbe totalmente la celebración de esta fiesta. Pese a ello suelen aparecer focos de máscaras.
En 1939, al concluir la contienda bélica, se prohíben expresamente los disfraces, siendo perseguidos por las fuerzas de la Guardia Civil. La prohibición, lejos de disuadir a los vecinos de Cabezo de Torres, les incita a seguir con esta actividad que se intensifica sobre todo en las calles General Torres y Salzillo del barrio de Los Palacios. Los jóvenes salen a la calle vestidos de máscara y cuando hace acto de presencia la Guardia Civil, los disfrazados eran escondidos en el interior de las casas de los vecinos del barrio. Al retirarse la Guardia Civil, la fiesta volvía a salir a la calle.
Durante tres o cuatro años se montan algunas comparsas, que previa autorización gubernativa, se presentaban en el Cine Sabater, pagando una entrada módica cuya recaudación iba destinada a beneficencia.
En el año 1947 los jóvenes componentes de la Banda de Música de Cabezo de Torres, con edades comprendidas entre los 14 a 18 años, y bajo la dirección de D. Vicente Herrero, vuelven a salir a la calle una comparsa musical que se denominaba “Los Enamorados Presumidos”.
Aburridos por la persecución a que fueron sometidos por las autoridades, en 1952 vuelven a extinguirse las comparsas musicales, no así las máscaras que poco a poco van cambiando los polvos de talco y los cepillos por cámaras de bicicleta con las cuales gastaban las bromas más pesadas al emplearlas para dar palos, eso sí, a conocidos y familiares al principio, a todos más tarde, excepto a las mujeres y niños, en lugares siempre apartados del cuartel de la Guardia Civil, normalmente del barrio de Los Palacios. Así hasta llegar a 1973 que llega la gran explosión del inicio del carnaval que se celebra actualmente.
Con el fin de la dictadura las comparsas vuelven a aparecer con toda su virulencia, llegando a nuestros días en donde desfilan más de 30 de estos grupos integrados por más de 2000 miembros.
Un carnaval que se ha alargado en cuanto a días de duración y actividades. En la actualidad son cuatro los días de desfile y de marcha pues trae el desfile las comparsas colocan sus vehículos con potentes equipos de megafonía frete a bares y cafeterías en donde el baile se convierte en el nexo de unión entre espectadores y participantes.
Con los años se han instaurado entre otros actos: la Cena de Convivencia de los Grupos de Carnaval, la presentación del video del Carnaval del año anterior, la presentación del Cartel Anunciador del Carnaval, la Cena de Elección de Musa del Carnaval, el Pregón de Carnaval, la Gala de Entrega de Premios del Carnaval.
A todo esto hemos de sumar los cerca de 2000 niños de todos los colegios de la localidad que efectúan el desfile infantil de carnaval el viernes anterior a los desfiles de los mayores. Muchos de estos niños vuelven a disfrazarse el domingo para participar en la concentración infantil.


Juan Vivancos Antón.
Cronista Oficial de Cabezo de Torres.



Este artículo fue publicado el 18 de febrero de 2007 en el diario La Opinión
Este artículo está incluido en el libro "Murcia palmo a palmo IV" Pag. 297-299

300 ANIVERSARIO DEL MILAGRO DE NTRA. SRA. DE LAS LÁGRIMAS. PATRONA DE CABEZO DE TORRES.





300 ANIVERSARIO DEL MILAGRO DE NTRA. SRA. DE LAS LÁGRIMAS. PATRONA DE CABEZO DE TORRES.

La Patrona de Cabezo de Torres es la Virgen de Las Lágrimas. El título se le dio a un busto de la Virgen de los Dolores que lloró el 8 de agosto de 1706 en la casa de Francisco López Majuelo, del partido de Monteagudo. (El solar que ocupó la casa está en el centro de Cabezo de Torres).
Pasado el mediodía una criada subió a limpiar una habitación en donde había dos imágenes de la devoción familiar. Una de Jesús y otra de la Virgen de los Dolores, de unos 35 centímetros de altura y protegidas por sendas urnas de cristal sobre unos manteles.
La criada observó que el rostro de la Virgen estaba acongojado, que tenía la frente sudorosa y que de los ojos brotaban gruesas lágrimas. Llena de espanto y temor bajó a llamar a los amos y efectivamente, todos vieron llorar la imagen. Acudieron los vecinos más cercanos y se fue corriendo la noticia por la huerta llegando más labradores para ver el prodigio.
Al día siguiente las tropas leales a Felipe V acamparon cerca de la casa. Enterados de lo sucedido, acudieron los oficiales, soldados y capellanes del regimiento. Había también algunas personalidades llegadas desde Murcia y todos fueron testigos de que la Virgen sudaba tan abundantemente que el agua salía de la urna de cristal, empapaba los manteles y caía al suelo.
Por la noche llegó el Obispo D. Luis Belluga. Cuando subió para ver la imagen, el llanto había cesado. El obispo se arrodilló, hizo oración y, luego sacó a la Virgen de la urna. La registró. Comprobó que era de yeso y quedó convencido de que era imposible una falsificación.
Belluga, preocupado por demostrar que aquello no era un engaño, mandó llamar a un Provisor, a un Notario y al Fiscal del obispado que junto a varios peritos en yeso, barnices, pinturas, etc. examinaron el hecho durante dos días.
El Cabildo de Murcia escribió una carta al Obispo pidiéndole que la imagen de la Virgen fuese colocada en la Catedral.
El traslado de la imagen se hizo el día 11 por la noche en una solemne procesión. La colocaron en la capilla de San Andrés.
El obispo publicó una Pastoral conforme al Concilio de Trento y declaró que las lágrimas eran milagrosas. En la Pastoral habla de lo que ha visto, de los exámenes realizados, de los testigos y de la opinión de teólogos, concluyendo: “…declaramos por milagrosas dichas lágrimas, y sudor, y digna de veneración y culto la Sagrada Reliquia de los Manteles, donde corrió el sudor y las lágrimas.”
El día 16 de octubre de 1994, volvió a su pueblo de Cabezo de Torres la venerada imagen milagrosa de “Nuestra Señora de Las Lágrimas” tras 288 años de estancia en la Catedral de Murcia. El pueblo celebró con júbilo su regreso, siendo entonces nuestro Obispo D. Javier Azagra Labiano, ejerciendo de Vicario General y Dean del Cabildo D. Antonio Martínez Muñoz y nuestro párroco arcipreste D. Pedro Lorente Martínez. Como colofón a tan digna efemérides, nuestro Obispo concedió a nuestra Parroquia un año Jubilar Mariano.
La imagen milagrosa de Ntra. Sra. de Las Lágrimas se encuentra expuesta en la capilla del Sagrario de la Iglesia Parroquial de Cabezo de Torres cuando se cumple el III centenario del milagro.
El Obispo de nuestra Diócesis DR. D. Juan Antonio Reig Pla, a petición del Párroco y Arcipreste D. Pedro Lorente Martínez ha establecido y promulgado en el “Templo Parroquial de Ntra. Sra. de Las Lágrimas de Cabezo de Torres”, la celebración de “Un Tiempo Jubilar Conmemorativo del III Centenario del Milagro de la Virgen de Las Lágrimas”, entre el 30 de marzo de 2006 y el 30 de marzo de 2007, enriquecido con las indulgencias concedidas por el Santo Padre Benedicto XVI, según el certificado remitido por la Penitenciaría Apostólica y firmado por Jacobus Franciscus. Cardenal Stafford.


Juan Vivancos Antón
Cronista Oficial de Cabezo de Torres.



Este artículo fue publicado el 6 de agosto de 2006 en el diario La Opinión
Este artículo está incluido en el libro "Murcia palmo a palmo IV" Pag. 293-295

50 ANIVERSARIO DE LOS SALESIANOS EN LA REGIÓN DE MURCIA.



50 Aniversario de Los Salesianos en la Región de Murcia.


En este año de 2006 la Congregación religiosa de Los Salesianos, fundada por San Juan Bosco en Turín (Italia) a mediados del siglo XIX, celebra el 50 aniversario de su llegada a la Región de Murcia, concretamente a Cabezo de Torres. A España habían llegado Los Salesianos en 1881 (Utrera-Sevilla).
A la Región de Murcia llegan Los Salesianos cuando el sacerdote D. Antonio Valverde, natural de la pedanía de Cabezo de Torres, decide donar unos terrenos de su propiedad para que en ellos se llevase a cabo una obra educativa y social. D. Antonio soñaba con unas escuelas de las que tan necesitado estaba el pueblo y acudió a Los Franciscanos y a Los Salesianos
En 1954 se pusieron en contacto El Provincial de Los Salesianos D. Tomás Baraut, el Obispo de la Diócesis Dr. D. Ramón Sanahuja y Marcé y D. Antonio Valverde para iniciar los primeros trámites. Los Salesianos entonces estudiaban su posible instalación en Cieza, donde ya había una parroquia bajo la advocación de Mª Auxiliadora, pero finalmente se decidieron por el proyecto de Cabezo de Torres, llegando los primeros Salesianos a esta pedanía para concretar la fundación entre los que se encontraban D. Celedonio Macías que era el Ecónomo Inspectorial de Barcelona y D. Basilio Bustillo. En 1955 comenzaron las obras.
Así, entre limoneros, nace el Colegio Salesiano, que comienza a funcionar en el año 1956, como seminario menor para aspirantes a Salesianos, colegio externo para los chicos del pueblo, con un Oratorio Festivo y una Escuela de Capacitación Agrícola. En aquel año llegó la Primera Comunidad Salesiana a Cabezo de Torres que estaba formada por D. Benjamín Juaristi (el primer Director), D. Salvador Olivellla, D. Fernando Rabadán, D. Jesús Rudi, D. Fermín Fuentes y D. José Urbanec.
El Bachillerato y el internado comenzaron en Octubre de 1960. Con el paso del tiempo (entre 1962-1969) desaparece la dedicación a seminario y se convierte en un Colegio para externos e internos, donde se estudia la enseñanza primaria y los bachilleratos elemental y superior, a demás de contar con un Centro Juvenil y una iglesia pública. En el curso 1970-71 el número de internos llegó a ser de 240. Quien suscribe este artículo recuerda perfectamente esa época ya que pertenece a la promoción 1975-76.
En la actualidad la Comunidad Salesiana se compone de 5 sacerdotes y 2 coadjutores y el colegio (Centro Concertado) alberga a 41 profesores y a 725 alumnos externos de 3 a 16 años, repartido entre los niveles de Infantil, Primaria y ESO.
A lo largo de su historia la Obra Salesiana ha sido decisiva para el nacimiento de la “Agrupación Musical Juvenil de Cabezo de Torres” y de las Peñas Huertanas “La Picaza” y “El Cántaro”. En Cabezo de Torres los deportes se practicaron en los patios de la Obra hasta tener las instalaciones Municipales actuales.
En el año 1970 la presencia Salesiana se amplía en la Región, cuando comienza a funcionar en Cartagena el Colegio de Primaria, Bachillerato y F.P., gracias a la donación de una finca en Los Dolores que hiciera Dña. Trinidad Nieto, Vda. del Dctor. D. Juan Solé.




Juan Vivancos Antón
Cronista Oficial de Cabezo de Torres.



Este artículo fue publicado el día 5 de marzo de 2006 en el diario La Opinión
Este artículo está incluido en el libro "Murcia palmo a palmo IV" Pag. 291-292